La responsabilidad va más allá de simplemente preparar y pronunciar algunos sermones y discursos. La responsabilidad de ministrar a unas cuantas personas es fácil y será cómodo, si no pretendemos crecer, pero ¿qué, sí el Señor añade el número de hermanos para ministrar, y ministrar en forma personalizada a cada una de ellas?
Dios conoce cada latido del corazón: de alegría, placer, dolor, clamor, lagrima y preocupación, prueba, tentación que con frecuencia ataca, critica que se opone, obligaciones y demandas, presión, peso. Cada una de ellas conoce Dios.
¡Esta responsabilidad humanamente es imposible! Pero no con Dios.
Pablo dice, que Dios lo puso en el ministerio, porque Dios lo tuvo por fiel, y que fue Cristo el que lo fortaleció 1Timoteo 1.12 y que el ministerio le había sido encomendado, Pablo tenía una gran y única responsabilidad.
La responsabilidad encomendada es el glorioso evangelio del Dios bendito, el evangelio es gente, nuestro ministerio es gente, nuestra responsabilidad es gente. 1Timoteo 1.11
Como servidores de Cristo, Dios requiere una cosa de nosotros “FIDELIDAD”. Fidelidad es la demanda clave que Dios nos hace.
No se requiere ser inteligente.
No se requiere ser brillante.
No se requiere ser hábil.
No se requiere ser exitoso.
SE REQUIERE QUE SEAMOS FIELES
1Corintios 4.1-2 Así pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los ministerios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.

