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lunes, 20 de septiembre de 2010

LA GUERRA ESPIRITUAL

Es la lucha espiritual que el cristiano y la iglesia llevan a cabo junto con las huestes angelicales en contra de las potestades espirituales de maldad  Efesios. 6.12
La Biblia frecuentemente describe la vida cristiana como una guerra espiritual.
La participación en la guerra espiritual no es opcional para el cristiano.
El cristiano no puede ser neutral frente al enemigo.
Creemos que estamos empeñados en una constante batalla espiritual contra los principados y potestades del mal, que tratan de destruir la iglesia y frustrar su tarea de evangelizar.
El cristiano conoce sobre la necesidad de tomar toda la armadura de Dios y pelear esta batalla con las armas espirituales, ya que percibimos la actividad de nuestro enemigo, no sólo en las falsas ideologías fuera de la iglesia, sino también dentro de ella, en los evangelios falsos que tergiversan las Escrituras y colocan al hombre en el lugar de Dios.
El Reino está en conflicto constante con el poder de las tinieblas; la lucha ocurre en las regiones celestiales y se expresa en todo lo creado a nivel personal, colectivo y estructural.
Sin embargo, vivimos sostenidos por la confianza de que la victoria ya ha sido conquistada y que el Reino de Dios se manifestará plenamente al final de los tiempos.

Estrategias:…

LA MARCA DE LA BESTIA

 “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre” Apocalipsis 13.16-17
¡La marca de la bestia! Durante el periodo de la Tribulación surgirá un gobernante poderoso y perverso, ordenando que todos reciban una marca en la frente o en la mano derecha. Aquellos que se nieguen sufrirán la ira de la bestia. Los que se sometan sufrirán la ira de Dios. Aquellos que se opongan reinarán con Cristo en Su gloria milenial.
Los que se sometan serán atormentados con fuego y azufre en la presencia de los santos ángeles y en la presencia del Cordero.
Cuando leemos esto, podemos sentirnos muy al margen, sabiendo que pertenece al futuro y creyendo que la iglesia mientras tanto será arrebatada al cielo. Sin embargo, hay un sentido en el que la marca de la bestia está ahora con nosotros. Hay veces en la vida en las que somos forzados a escoger entre la lealtad a Dios o inclinarnos a un sistema que se opone a Dios.
Hay ocasiones cuando, para conseguir un empleo, por ejemplo, se nos pide aceptar condiciones que son claramente contrarias a los preceptos divinos. Es fácil justificarnos entonces: Si no trabajamos, no podemos comprar alimentos, y si no comemos no podemos sobrevivir, y tenemos que vivir ¿no es así? Bajo esta falsa excusa aceptamos las demandas y, de hecho, nos ponemos la marca de la bestia.
Todo lo que amenaza nuestras provisiones de comida o la continuación de nuestra existencia nos llena de pánico y somos tentados a sacrificar casi cualquier cosa para alejar esa amenaza. Los mismos argumentos que los hombres emplearán justificándose para adorar la imagen de la bestia en el periodo de la Tribulación, son los que se nos presentan hoy cuando tenemos que escoger entre la verdad de Dios y nuestras propias vidas.
La idea de que debemos vivir es falsa. Lo que debemos hacer es obedecer a Dios y no amar nuestra vida, sino menospreciarla hasta la muerte.

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miércoles, 8 de septiembre de 2010

CUMPLE

 “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes”   Eclesiastés 5:5
Todos nosotros hemos oído del hombre que cuando se encuentra en un aprieto hace una promesa a Dios.
Promete que si Dios lo libra, confiará en él, lo amará y lo servirá para siempre. Pero cuando escapa de la crisis, olvida la promesa y sigue viviendo igual que antes.
¿Qué lugar ocupan las promesas en la vida de un cristiano y qué principios se dan en la Palabra sobre el tema?
En primer lugar, no es necesario hacer promesas. No se nos manda hacerlas, pero generalmente se hacen de manera voluntaria en señal de gratitud por Sus favores.
La Biblia nos instruye al respecto en Deuteronomio 23:22  “Mas cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado”.
Segundo, debemos ser cuidadosos de no hacer promesas precipitadas, esto es, promesas que no seremos capaces de cumplir o de las que más tarde podríamos lamentarnos.
Salomón nos advierte: “No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto sean pocas tus palabras”  Eclesiastés 5:2
Pero si hacemos una promesa, debemos ser cuidadosos en cumplirla.
“Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca” Números 30:2  
“Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti” Deuteronomio 23:21
Es mejor no prometer que prometer y no cumplir. “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”  Eclesiastés 5:5
Puede haber casos excepcionales donde sería mejor no cumplir una promesa que continuar en ella.
Antes de su conversión un hombre puede haber hecho votos en una falsa religión o en una hermandad secreta. Si cumplir aquellos votos fuera contrario a la Palabra de Dios, entonces debe obedecer a las Escrituras aún a costa de romper los votos.
Si estos votos consistieron simplemente en no divulgar ciertos secretos, entonces debería permanecer en silencio tocante a ellos por el resto de su vida, aún después de haberse separado de la orden.
Quizás las promesas que se rompen más hoy en día son los votos matrimoniales.
Las solemnes promesas hechas en la presencia de Dios se tienen en poco. Pero el mandato de Dios sigue vigente:
“Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová”  Deuteronomio 23:21

lunes, 6 de septiembre de 2010

NO OS UNÁIS EN YUGO DESIGUAL

“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.  2Corintios 6:17-18   
¿Qué debe hacer un cristiano cuando se encuentra en una iglesia que se ha tornado cada vez más liberal y modernista?
Esa iglesia fue fundada por hombres que creían que la Biblia es inerrante, y en todas las demás doctrinas fundamentales de la fe.
Tenía una gloriosa historia de fervor evangélico y de esfuerzo misionero.
Muchos de sus ancianos eran eruditos bien conocidos y fieles predicadores de la Palabra.
Pero los seminarios e institutos bíblicos los han sustituido por una nueva especie y ahora los pastores que salen de ellos predican un evangelio social.
Todavía emplean fraseología bíblica, pero dan a entender algo completamente diferente con ella.
Socaban las doctrinas más importantes de la Biblia, ofrecen explicaciones naturales para los milagros y hacen mofa de la moralidad bíblica.
Salen al frente defendiendo la política radical y las causas subversivas.
Hablan despectivamente de los fundamentalistas.

¿Qué debe hacer un cristiano?
Quizás su familia ha estado relacionada con esa iglesia durante generaciones. él mismo ha contribuido generosamente a través de los años.
Sus amigos más íntimos están allí.
Se pregunta qué les sucederá a los jóvenes de su iglesia, si él se va.
¿No debe permanecer en la iglesia y ser una voz de Dios mientras esto sea posible?
Sus argumentos le parecen plausibles. Sin embargo, su alma justa se aflige al ver que la gente acude a las reuniones de la iglesia en busca de pan semana tras semana, y no consigue sino piedras. Aprecia todo lo que le liga aún allí y se apena al oír que a su Salvador lo condenan con confusas alabanzas.
No hay duda acerca de lo que debe hacer.
Debe dejar esa iglesia.
Es el claro mandamiento de la Palabra de Dios.
Si se deshace de ese yugo desigual, Dios se encargará de todas las consecuencias. Dios asumirá la responsabilidad por aquellos jóvenes y proveerá nuevas amistades.
De hecho, Dios mismo promete serle un Padre con una intimidad que es conocida solamente por aquellos que son obedientes indiscutiblemente.

“La bienaventuranza de la verdadera separación es nada menos que la gloriosa compañía del gran Dios”.

viernes, 3 de septiembre de 2010

LÍDER, SIERVOS

LÍDER

"EL ESTILO DE SU LIDERAZGO PUEDE SER EL FACTOR MAS IMPORTANTE EN EL DESARROLLO DE NUEVOS OBREROS EN SU MINISTERIO"

SIERVOS


"LA ESTATURA DEL SIERVO CRECE EN LA MEDIDA QUE ALCANZA A COMPRENDER EL CORAZÓN DEL PADRE"

jueves, 2 de septiembre de 2010

Señor, te seguiré adondequiera que vayas

“Señor, te seguiré adondequiera que vayas”  Lucas 9:57
 Algunas veces pienso que hablamos y cantamos con demasiada ligereza acerca del señorío de Cristo, del compromiso total y de la rendición absoluta. Repetimos como loros, frases cortas e ingeniosas como: “Si él no es el Señor absoluto, entonces no es Señor en absoluto”.
Cantamos: “Todo a Cristo yo me rindo, lo que tengo, lo que soy”. Actuamos como si el compromiso total implicara poco más que asistir a la iglesia cada domingo.
 No es que no seamos sinceros; sino que no nos damos cuenta de todo lo que implica. Si reconociéramos el señorío de Cristo, estaríamos dispuestos a seguirle en la pobreza, el rechazo, el sufrimiento y aun la muerte.
 “Algunos desmayan ante la vista de la sangre. Un día un joven entusiasta vino a Jesús con los propósitos más excelentes en su corazón. “Señor”, dijo, “Te seguiré adondequiera que vayas”.
 No podría haber nada más excelente. Pero Jesús no se emocionó. Sabía que aquel joven no entendía todo lo que implicaba su promesa. Así que le dijo que él mismo no era sino un hombre sin hogar y que como las zorras, tendría que dormir a la intemperie en la montaña. Le mostró la cruz con un poco de carmesí sobre ella y frente a esto, aquel que estaba tan ansioso cayó en una palidez mortal. Suspiraba por sus bienes; el precio era más alto de lo que estaba dispuesto a pagar.
 Esto ocurre con mucha frecuencia. Algunos de ustedes no están en la batalla, no porque el llamado de Cristo no sea atractivo, sino porque están temerosos de una pequeña sangría. Por lo tanto dicen gimoteando: ‘a no ser por estas infames pistolas, yo habría sido soldado’” (Chappell).
 Si Jesús no se emocionó cuando el joven de Lucas 9 se ofreció a ir con él todo el tiempo, estoy seguro de que sí se emocionó cuando Jim Elliot escribió en su diario: “Si salvara la sangre de mi vida, negándome a derramarla como un sacrificio, oponiéndome al ejemplo de mi Señor, entonces he de sentir el pedernal del rostro de Dios puesto contra mi objetivo. Padre, toma mi vida, ¡sí!, mi sangre, si así lo deseas, y consúmela con Tu fuego arrollador. No la salvaría, pues no me corresponde a mí salvar. Tómala, Señor, tómala toda. Derrama mi vida como una oblación por el mundo.
La sangre tan sólo tiene valor cuando fluye sobre Tus altares”.

HÁBITOS QUE DAÑAN EL CEREBRO

(Matan neuronas)

1.- No Desayunar.
La gente que no desayuna tiene bajo nivel de azúcar en la sangre. Esto genera insuficiente suministro de nutrientes al cerebro causando su degeneración paulatina.

2.- Comer de más. 
Esto causa el endurecimiento de las arterias del cerebro, causando además baja capacidad mental.

3.- Fumar.
Causa la disminución del tamaño cerebral y promueve además Alzheimer.

4.- Consumir altas cantidades de azúcar.
El alto consumo de azúcar interrumpe la absorción de proteínas y nutrientes causando malnutrición y puede interferir en el desarrollo del cerebro.

5.- Contaminación del aire.
El cerebro es el más grande consumidor de oxígeno del cuerpo. Inhalar aire contaminado disminuye su oxigenación generando una disminución de la eficiencia cerebral.

6.- Dormir poco.
El dormir permite al cerebro descansar. La falta de sueño por períodos prolongados acelera la pérdida de células del cerebro.

7.- Dormir con la cabeza cubierta.
Dormir con la cabeza cubierta aumenta la concentración de dióxido de carbono y disminuye el oxígeno causando efectos adversos a nuestro cerebro.

8.- Hacer trabajar al cerebro cuando estamos enfermos.
Trabajar y estudiar cuando estás enfermo además de la dificultad del cerebro para responder en ese estado, lo daña.

9.- Falta de estimulación. 
Pensar es la mejor manera de estimular nuestro cerebro no hacerlo provoca que el cerebro disminuya su tamaño y por lo tanto su capacidad..

10.- Practica la conversación inteligente.
Conversaciones profundas o intelectuales promueven la eficiencia cerebral.