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miércoles, 30 de junio de 2010

"CUANDO DIOS NOS MIRA ALLÍ"

 Cuando Dios nos mira allí,
En el lugar secreto de la oración clamando,
Entonces amaina la marea de la batalla,
La flama de la conquista arde,
Y el estandarte de la verdad ondea,
¡Los enemigos se escabullen y Satán se acobarda!
¡Entonces el lamento vacilante de temor 
Se convierte en resonante aclamación!
Llévanos, Señor, oh, llévanos allí,
Donde aprendamos el poder de la oración

LOS 27 SOLDADOS

 “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec”  Éxodo 17:11

Israel combatía contra las fuerzas de Amalec. En la cumbre de un collado Moisés observaba el campo de batalla. La posición de la mano de Moisés significaba la diferencia entre la victoria y la derrota. Cuando levantaba la mano, hacía retroceder a Amalec; cuando la bajaba, Israel retrocedía.

La mano levantada de Moisés describe al Señor Jesús como nuestro Intercesor, “por nosotros Sus manos levantó en compasión y amor”. Por Su poderosa intercesión somos salvos hasta lo sumo. Pero hasta aquí el tipo encuentra cumplimiento, porque Su mano nunca baja. No necesita de ayuda exterior porque nunca se fatiga. Vive siempre para interceder por nosotros.

Hay otra manera en la que podemos aplicar este incidente, esto es, a nosotros, como guerreros de oración. La mano levantada describe nuestra intercesión fiel a favor de aquellos creyentes que están entregados a la guerra espiritual en los campos de misión en el mundo. Cuando descuidamos el ministerio de la oración, el enemigo prevalece.
Un misionero y su grupo tuvieron que pasar una noche en una área infestada de bandoleros. Se encomendaron al cuidado del Señor, durmieron y a la mañana siguiente partieron.

Meses más tarde, cuando el jefe de los bandidos fue herido y llevado a un hospital de la misión, reconoció al misionero.

“Intentamos robarte esa noche en el campo abierto”, dijo, “pero tuvimos temor de tus veintisiete soldados”.
Más tarde, cuando el misionero relató todo esto en una carta a su iglesia, uno de los miembros dijo: “Tuvimos una reunión de oración esa misma noche y había veintisiete de nosotros”.

Podemos ver algo más en este incidente. El Señor juró que tendría guerra con Amalec de generación en generación.

Amalec es un tipo de la carne.

El cristiano debe librar una batalla incesante contra la carne, y la oración es una de sus armas principales.
Una vida constante de oración a menudo hace la diferencia entre la victoria y la derrota.

EL SEÑOR DE LA VIDA Y LA GLORIA

 “Del evangelio de la gloria de Cristo...” 2Corintios 4:4

Nunca debemos olvidar que el evangelio es las buenas nuevas de la gloria de Cristo; concierne a Aquél que fue crucificado y sepultado. Pero ya no está más en la Cruz como tampoco yace en la Tumba. Ha resucitado, ha ascendido al cielo, y ahora es el Hombre glorificado que está a la diestra de Dios.

No le mostramos como el humilde Carpintero de Nazaret, el Siervo sufriente o el Extraño de Galilea. Tampoco lo representamos como el afeminado hacedor de buenas obras del arte religioso moderno.
Predicamos al Señor de la vida y la gloria. Aquél a quien Dios exaltó hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo nombre. A Su Nombre toda rodilla se doblará y toda lengua le confesará como Señor para gloria de Dios el Padre. él está coronado de gloria y honor, como Príncipe y Salvador.

Con mucha frecuencia lo deshonramos con el mensaje que predicamos. Exaltamos al hombre con sus talentos y creamos la impresión de que Dios es muy afortunado al tenerlo a Su servicio, y que le hace un gran favor al confiar en él. Ése no es el evangelio que los Apóstoles predicaron. Ellos dijeron, en efecto: “Vosotros sois los culpables asesinos del Señor Jesucristo. Vosotros lo apresasteis y con manos perversas lo clavasteis al madero. Pero Dios lo resucitó de los muertos y lo glorificó sentándolo a Su propia diestra en los cielos.

El Señor vive hoy, en un cuerpo glorificado de carne y hueso. Su mano atravesada por el clavo empuña el cetro del dominio universal y regresará una vez más para juzgar al mundo con justicia. Y mientras hay tiempo, es mejor que os ARREPINTÁIS y os volváis a él con FE. No hay otro camino de salvación. No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

¡Oh, que tengamos una fresca visión del Hombre de Gloria! ¡Y una lengua que confiese las muchas glorias que coronan sus sienes! Ciertamente entonces, como en Pentecostés, los pecadores temblarán ante él y clamarán:


“¿Varones hermanos, qué haremos?”

domingo, 27 de junio de 2010

"El Que Creyere y Fuere Bautizado"

 “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” Marcos 16.16

 Si este fuera el único versículo en las Escrituras que abordan el tema, podríamos concluir justificadamente que la salvación se consigue por la fe más el bautismo. Sin embargo, hay 150 versículos más en el Nuevo Testamento que condicionan la salvación a la fe sola.

Por lo cual concluimos que uno o dos versículos como el de este día, no pueden contradecir a los otros 150.
Aunque el bautismo no es esencial para la salvación, es indispensable como expresión de obediencia. La voluntad de Dios es que todos los que han confiado en Su Hijo como Señor y Salvador, se identifiquen públicamente con él en las aguas del bautismo de los creyentes.

El Nuevo Testamento no contempla tal anomalía como la de un creyente sin bautizar. Esto supone que cuando una persona es salva, se bautizará. En el libro de los Hechos, los discípulos practicaban lo que podríamos llamar el “bautismo instantáneo”. No esperaban tener un buen grupo, ni un servicio formal ni el confortable escenario de un local de iglesia, sino que, sobre la base de su profesión de fe, la persona era bautizada sin demora.

La secuencia entre creer y ser bautizado es tan estrecha que la Biblia habla de ambos simultáneamente: “El que crea y sea bautizado...” 

En nuestro afán por evitar la enseñanza no bíblica de la regeneración bautismal, permitimos con frecuencia que el péndulo vaya demasiado lejos en la dirección opuesta. La gente se queda con la idea equivocada de que en realidad no importa si se bautizan o no. Pero sí importa.

Oímos a veces a alguien que afirma con mucha verbosidad: “para ir al cielo no necesito estar bautizado”. Generalmente contesto: “Sí, es verdad, usted puede ir al cielo sin ser bautizado, pero se quedará sin bautismo por toda la eternidad”. No habrá oportunidad para el bautismo allá en el cielo.

Acudir al bautismo es uno de los actos en los que podemos obedecer al Señor ahora o nunca.


Todos los que han confiado en Jesucristo como Señor y Salvador no deben posponer el tiempo de su bautismo. De este modo se identifican con él en Su muerte y resurrección y se comprometen públicamente a caminar con él en novedad de vida.

sábado, 26 de junio de 2010

La Mujer “Pero se salvará engendrando hijos"

“Pero se salvará engendrando hijos...”1 Timoteo 2.15

 A juzgar por las limitaciones que Pablo impone al ministerio de la mujer en la iglesia, podría parecer que la ha reducido a un cero a la izquierda. Por ejemplo, no le permite enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio vv. 12

Algunos podrían concluir con esto llegar a la conclusión que la fe cristiana relega a la mujer a un lugar inferior.

Pero el vv15 aclara cualquier malentendido semejante. “Pero se salvará engendrando hijos...”. Claramente esto no se refiere a la salvación del alma, sino más bien a su posición como mujer, o su posición en la iglesia. A la mujer se le concede el enorme privilegio de educar a sus hijos e hijas para Dios.

William Ross Wallace decía: “La mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo”. Detrás de cada gran líder hay una gran madre.

Es dudoso que Susana Wesley alguna vez ministrara desde un púlpito, pero su ministerio en el hogar ha tenido un alcance mundial a través de sus hijos Juan y Carlos. 

En el mundo está de moda que las mujeres abandonen el hogar para conseguir sus propias carreras y empleos en el mundo profesional o de los negocios. Educadas en el mundo, les parece que el trabajo del hogar es monótono y criar una familia es un quehacer innecesario.

En un almuerzo de mujeres cristianas, la conversación se encaminó al tema de las carreras. Cada una se extasiaba departiendo acerca de su posición y salario. ¡En aquel lugar dominaba un espíritu de rivalidad! Finalmente alguien se dirigió a una mujer que tenía tres vigorosos hijos y le preguntó: “¿Y cuál es tu carrera, Carlota?” Y ella contestó humildemente: “Crío hombres para Dios”.

La hija del Faraón le dijo a la madre de Moisés: “Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré” Éxodo 2.9
Quizás nos llevaremos una gran sorpresa cuando estemos ante el Tribunal de Cristo y nos enteremos de los altos salarios que el Señor paga a aquellas mujeres que se consagran para criar niños y niñas para él y para la eternidad.


Sí, “se salvará engendrando hijos...” El lugar de una mujer en la iglesia no es el del ministerio público, pero quizás el ministerio consagrado de criar hijos es de mucha mayor importancia a los ojos de Dios.

jueves, 24 de junio de 2010

LOS QUE DURMIERON EN ÉL

 “...los que durmieron en él”  1Tesalonicenses 4.14.

 ¿Cómo hemos de reaccionar cuando uno de nuestros seres queridos muere en el Señor?
Algunos cristianos se derrumban emocionalmente.
Otros, aunque afligidos, son capaces de sostenerse heroicamente.
Todo depende de cuán profundamente estemos arraigados en Dios y hasta qué punto nos hayamos apropiado de las grandes verdades de nuestra fe.

En primer lugar, debemos ver la muerte desde el punto de vista del Salvador.
·         Es una respuesta a lo que él oro en Juan 17.24 “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria...”
·         Cuando nuestros seres queridos van a estar con él, él ve el fruto de Su aflicción y queda satisfecho  Isaías 53.11
·         “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” Salmo 116.15


En segundo lugar, debemos tomar en consideración qué significa la muerte para aquel que la experimenta.
·         Se le permite ver al Rey en Su hermosura.
·         Es librado para siempre del pecado, la enfermedad, el sufrimiento y las penas.
·         Es arrebatado de la aflicción  Isaías 57.1
“Nada se compara con la partida de un santo de Dios...llegar a la casa del Padre, dejar atrás aquellos viejos terrones de lodo, ser libertado de la esclavitud de lo material, recibido por la innumerable compañía de ángeles”.

Ryle escribió: “En el mismo momento en que los creyentes mueren, entran al paraíso.
·         Han peleado la batalla, su contienda ha terminado.
·         Por fin tocan el otro lado de ese valle tenebroso por el que un día hemos de caminar.
·         Desembarcan en la otra orilla de ese oscuro río por el que algún día tenemos que cruzar.
·         Han bebido esa última copa amarga que el pecado ha mezclado y preparado para el hombre.
·         Han llegado a aquel lugar donde la pena y el gemido ya no existen más.
¡Ciertamente no debemos desear que regresen otra vez!
Es por nosotros mismos y no por ellos que tenemos que llorar”.

La fe se apropia esta verdad y se fortalece como árbol plantado junto a corrientes de aguas.
Para nosotros, la muerte de un ser querido va acompañada de tristeza.
Pero no debemos entristecernos como los demás que no tienen esperanza  1Tesalonicenses 4.13Sabemos que nuestros seres queridos están con Cristo, lo que es muchísimo mejor.
Sabemos que la separación es tan sólo por un poco de tiempo.
Después nos reuniremos en las laderas de la tierra de Emanuel, y nos volveremos a ver en mejores circunstancias que en las que nos conocimos aquí abajo.

Esperamos con ansia la venida del Señor cuando los muertos en Cristo resucitarán primero, luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor  1Tesalonicenses 4.16-17

Esta esperanza hace la diferencia.


El consuelo de Dios no es demasiado pequeño Job 15.11 Nuestra tristeza está mezclada con gozo, y nuestro sentido de pérdida está más que compensado con la promesa de una bendición eterna.

sábado, 12 de junio de 2010

LA DISTRACCIÓN

  “Cuando llegó el momento de dedicar la muralla, buscaron a los levitas en todos los lugares donde vivían, y los llevaron a Jerusalén para celebrar la dedicación con cánticos de acción de gracias, al son de címbalos, arpas y liras.” Nehemías 12:27 

Después de tanto esperar, finalmente hoy comenzó el mundial. El bombardeo informático del tema fue tan grande que nos hacía esperar este momento como si fuera lo único importante que pasa en el mundo. Pantallas gigantes en lugares públicos, televisores en cada bar, convocatorias para los días de partido, cambios de agenda para no perderse el partido de Argentina. Llegó el esperado momento, y la pelota comenzó a rodar. Pero no cambió nada. El universo siguió su curso, y la vida no se modificó.

Solo fue una distracción. Es cierto que hasta que termine el mundial, es una buena excusa para tomarse un recreo y ver de parado algún partido o algún gol por internet. Lo cierto es que tanta euforia mundialista distrae. Se dejan temas para más tarde, se postergan asuntos simplemente ” porque estamos en el mundial”.
Algo similar estaba pasando en Jerusalén. Estaban por dedicar la muralla que Nehemías y su gente había levantado con tanto esfuerzo. Después de años de destrucción, finalmente la ciudad estaba comenzando a estar armada y viva. Era un momento de fiesta, pero había gente que estaba ocupada en otras cosas. El día de la inauguración oficial, cuando se estaba esperando la bendición de Dios, los levitas no estaban.

No dice que estaban haciendo, ni donde estaban. Pero siendo tan organizado, Nehemías seguramente había programado la dedicación con lujo de detalles, anunciado día y hora del evento con anticipación, enviado invitaciones especiales, preparado las participaciones, sin dejar nada librado al azar. Y cuando estaba por comenzar la fiesta, se dan cuenta de algo: faltaban los levitas.

Hubo que ir a buscarlos.

Que el mundial no te distraiga, que no estés tan ocupado en tus negocios, en tu estudio, en tu familia o en tu ocio que te olvides de la convocatoria que Dios te hace cada día. Dios no va a mandar un ángel para buscarte, pero está alerta y esperando que te decidas a ir a su presencia. Con la misma ansiedad que estás esperando el partido de la selección de tu país, Dios espera que anheles su presencia.

REFLEXIÓN — Busca a Dios, no te distraigas.
Un gran abrazo y bendiciones
RDP.

jueves, 10 de junio de 2010

LA FUENTE DEL AMOR

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y Envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”  1Juan 4:10
 El amor es esa cualidad de Dios que le hace prodigar ilimitadamente Su afecto a los demás. Este amor se manifiesta dando buenas dádivas y dones perfectos a los que ama.
He aquí algunos versículos de los miles que hablan de ese amor:
“Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia Jeremías 31:3
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Romanos 5:8
 “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó...”  Efesios 2:4 
Y, por supuesto, el más conocido de todos:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”  Juan 3:16
Cuando Juan dice que “Dios es amor”  1Juan 4:8
Es importante ver que él no está definiendo a Dios, sino insistiendo en que el amor es uno de los elementos claves de la naturaleza divina. No adoramos al amor, sino al Dios de amor.
Su amor no tuvo principio y tampoco tendrá fin.
Es ilimitado en sus dimensiones, absolutamente puro y sin mancha de egoísmo o cualquier otro pecado.
Es sacrificado y nunca repara en el coste.
Busca solamente el bienestar de los demás, y no espera nada a cambio.
Tiende su mano al agradable y al repugnante, al enemigo y al amigo.
Este amor no se da como premio a las virtudes de aquellos que lo reciben; viene solamente de la bondad del Dador.

Las implicaciones prácticas de esta sublime verdad son evidentes:
“Sed, pues, imitadores de Dios” dijo Pablo: “como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros”  Efesios 5:1-2a  
Nuestro amor debe ascender al Señor, fluir a nuestros hermanos, y extenderse al mundo perdido.

La contemplación de Su amor debe inspirar también a adorarlo profundamente.

¿Cómo puedes amarme como me amas Y ser el Dios que eres?

miércoles, 9 de junio de 2010

La Verdadera Grandeza

Un oficial del ejército estaba dirigiendo de lo alto, un trabajo muy importante, daba órdenes a gritos a sus soldados que tenía bajo su mando tratando de lograr que levantaran una pesada viga de madera.

Mientras los soldados luchaban en vano para colocar la vida en su lugar, un hombre que pasaba por allí se detuvo para preguntar al que estaba encargado por qué no ayudaba a los otros hombres. Con toda la pompa de un emperador, el soldado a cargo respondió: "Señor, ¡yo soy un cabo!".

¿De veras? - contestó el que pasaba. - No lo sabía.
Luego, quitándose el sombrero y haciendo una reverencia dijo: "Disculpe, cabo." entonces el extraño dio unos pasos y se unió a los soldados para ayudarlos a levantar la pesada viga.

Cuando el trabajo estuvo terminado se volvió y le dijo al cabo: "Señor, cuando tenga otro trabajo así y no tenga suficientes hombres, envíe a llamar a su Comandante en Jefe, y yo vendré a ayudarle por segunda vez."
El cabo se quedó estupefacto. La persona que le hablaba era el General Washington.

Dios mide la grandeza por el servicio. El Señor Jesús puso el ejemplo, porque aunque era Dios y digno de todo honor "no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos"  Mateo 20.28

Si queremos ser grandes a los ojos de Dios debemos servir.

LA VERDADERA GRANDEZA NO SE LOGRA DANDO ÓRDENES, SINO SIRVIENDO