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viernes, 22 de octubre de 2010

EL ALMA DE UN NIÑO

El alma de un niño es la flor más linda
De las que crecen en el huerto de Dios.
Ésta sube desde la debilidad al conocimiento y poder;
Al cielo, desde el barro y el terrón.

En la hermosura y dulzura, crece cuidada;
Pero si es desatendida queda desaliñada y silvestre.
Si es una planta tierna y maravillosamente rara,
La dulce y atenta alma de un niño

¡Cuídala con ternura, oh jardinero, y dale su porción!
¡Provéele humedad, calor y luz!
Que no falte en ella un buen cuidado,
Para que sea protegida del frío y la enfermedad.

Porque vendrá el día cuando empiece a florecer
El deseo hacia el camino del mundo.
Por eso, ganémosla para Cristo, mientras haya lugar,
En la sensible alma de ese niño.

Autor.  Desconocido

martes, 19 de octubre de 2010

"TU MAS PEQUEÑO DESEO PARA MI ES UNA ORDEN"

“David deseó entonces, y dijo: ¡Quién me diera de beber de las aguas del pozo de Belén, que está a la puerta!”  1Crónicas 11:17 
Belén era la ciudad natal de David. Conocía bien todas sus calles y callejones, el mercado y la comunidad. Pero ahora los filisteos tenían una guarnición en Belén y David estaba escondido en la cueva de Adulam. Cuando tres de sus hombres oyeron que David suspiraba por un trago de agua del pozo de Belén, se abrieron paso en las líneas enemigas y le trajeron el agua. Estaba tan conmovido por su acto valiente de amor y devoción que no pudo beber el agua, sino que la derramó como una libación para el Señor.
Podemos pensar que David en este texto es como una descripción del Señor Jesús. Así como Belén era la ciudad de David, del mismo modo: “de Jehová es la tierra y su plenitud”.
David debía estar sentado en el trono pero estaba en una cueva. De manera similar, nuestro Señor debiera ser entronizado por el mundo y en lugar de eso es rechazado y se le desconoce.
Podemos comparar el deseo de David por agua con la sed del Salvador por las almas de los hombres del mundo. Anhela refrescarse viendo a sus criaturas salvas del pecado, de sí mismas y del mundo.
Los tres valientes de David describen a aquellos intrépidos soldados de Cristo que dejan a un lado las consideraciones de bienestar, conveniencia y seguridad personal, para cumplir el deseo de su Comandante en jefe. Llevan las buenas nuevas a todo el mundo, para luego ofrecer sus convertidos al Señor como un sacrificio de amor y devoción.
La reacción emotiva de David sugiere la respuesta del Salvador cuando ve a Sus ovejas reuniéndose alrededor de él de toda tribu y nación. Ve el fruto de la aflicción de Su alma y queda satisfecho  Isaías 53:11
En el caso de David, no tuvo que ordenar, persuadir o engatusar a sus hombres. Basta que se le escapara un pequeño suspiro de deseo; lo recibieron como una orden de su comandante. 
¿Qué haremos, cuando sabemos cuál es el deseo del corazón de Cristo por aquellos que compró con Su sangre preciosa?
¿Necesitamos presiones o súplicas misioneras y “llamadas de altar”? ¿No es suficiente oírle decir: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”
¿Se dirá de nosotros que no estamos dispuestos a hacer por nuestro Comandante lo que los hombres de David hicieron por el suyo?
Le diremos: “Tu más pequeño deseo es para mí una orden”.

sábado, 2 de octubre de 2010

APARTA MIS OJOS

“Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”  Salmos 119:37

Las palabras de esta breve oración son especialmente apropiadas cuando se aplican a la televisión. La mayoría de los programas de televisión son vanidad. Describen un mundo que no existe y una vida que está muy lejos de la realidad.

La televisión es un ladrón de tiempo precioso. Los que la ven derrochan horas que nunca podrán recuperar. De manera general, la televisión ha causado una disminución en la lectura de la Biblia, apagando así la voz de Dios y enfriando la temperatura espiritual de los televidentes sin que éstos se den cuenta.

Son bien conocidos los efectos dañinos de la televisión en los niños. Sus conceptos morales se corrompen porque ensalza la violencia, se deforma el sexo y se publica la pornografía. La educación de los niños padece, ya que no queda tiempo libre ni ganas para leer o escribir. Sus valores se determinan por lo que ven en la pantalla y todo su pensamiento se moldea con propaganda anticristiana.

El humor que se transmite es obsceno y buena parte de los guiones está llena de insinuaciones repugnantes.

La publicidad no solamente es estúpida sino moralmente destructiva también. Al parecer, no se puede vender nada sin un desfile de rameras de Hollywood exponiendo vastas porciones de su anatomía, usando el movimiento del cuerpo para incitar sexualmente.

En muchas familias la televisión ha causado un colapso de comunicación. Los miembros están hechizados por los programas hasta el punto que han perdido la habilidad de mantener conversaciones constructivas el uno con el otro.

En el área de la música, las letras de las canciones son con frecuencia altamente censurables. Glorifican la lujuria y tratan al adulterio y la homosexualidad como estilos de vida legítimos y hacen de los hombres violentos sus héroes.

Tratando de refutar lo que decimos algunos afirman que hay en la televisión programas cristianos saludables. 

La respuesta es que éstos son tan sólo la cubierta de caramelo de una píldora venenosa. El hecho simple es que el efecto total de la televisión destruye la vitalidad espiritual.

Un cristiano había encargado una televisión para que se la llevaran a su casa. Cuando la camioneta se detuvo frente a su casa, vio el anuncio publicitario en un costado del vehículo: “La televisión trae al mundo a su casa”. 

Con eso ya no fue necesario nada más. Desde la puerta de su casa mandó devolver el aparato a la tienda, diciendo: “no quiero al mundo en mi casa”.


Nadie que está pegado a la televisión hará jamás historia para Dios. Ésta es una de las causas principales de la decadencia espiritual de nuestros días.